sábado, 20 de marzo de 2010

"E"

Aquí va otro de los cuentos que componen la novela(recuerden que el protagonista es escritor y los relatos forman parte de una serie con los cuales quiere participar de un concurso literario en España).
“E” Falsa alarma. Un nuevo intento fallido y otro golpe de suerte; claro que en esta ocasión, su extrema fragilidad se había salvado de la muerte por milagro. Debería extremar los cuidados, evitando correr el riesgo de otro engaño porque no tendría otra oportunidad. Sabía que Dios fijaba las reglas con dureza pero con claridad: una sola oportunidad; uno sólo de los suyos para alcanzar la liberación ansiada.. Iniciado el viaje, no había retorno posible. Y la opción era de hierro: la vida para uno; la muerte y el olvido para el resto. ¿Miedo? Sí, claro que tenía miedo; no en vano el miedo era la piedra angular de su existencia. Un miedo que no era gratuito desde el momento que el riesgo de morir era infinitamente mayor que el de vivir. Pero valía la pena. De triunfar en esa loca y desenfrenada carrera, el premio compensaría la suma de todas las angustias; pasadas y presentes. Pasadas, porque la historia colectiva de sus ancestros, había grabado a fuego en su memoria los avatares de la raza. Presentes, porque ahora formaba parte de los elegidos; tenía el privilegio de hacer realidad ese ansiado sueño de acceder a una nueva y maravillosa vida; dejar para siempre los oscuros vericuetos de su infra existencia, en medio de los continuos terremotos que sacudían su frágil estructura. Todo eso quedaría ahora en el pasado; todo eso, más la insoportable experiencia de padecer impotente, los agudos y persistentes gritos, cada vez que el frágil tubo se movía por los infinitos corredores de su extraño y gigantesco universo. La memoria colectiva era sabia: de alguna manera sabía que al formar parte del alucinante viaje, en primer lugar se debería prestar atención al acople; si era brusco, mejor dejar el intento para otra ocasión (la ansiedad- él también lo sabía- jamás era buena consejera); demasiados muertos -no, no: muertos no: suicidas, se corrigió- en ese loco e inútil intento por tratar de ganar la nueva vida. En segundo lugar, saber que el río lechoso y traicionero no admitiría ningún error a la hora de lanzarse en su torrente vertiginoso. Que no era cuestión de quemar las reservas energéticas durante el escaso tiempo para llegar a la meta. Dios no admitía errores, pero Dios era justo: todos gozaban de idénticas oportunidades como parte sagrada y original del libre albedrío. Castigo o redención, ése era el dilema. Si se renunciaba al riesgo por terror o cobardía, el castigo sería el anonimato eterno, la condena de permanecer aislado, ocioso y vacío, lejos del gran río que llevaba a la nueva vida. Pero si se acometía el riesgo- con todas las implicancias de la latente amenaza de la muerte- entonces, la redención era posible. En cuánto a él, era consciente que ahora ya no habría retorno posible. Al fin, luego de abandonar la celdilla que lo mantuviese sujeto durante tanto tiempo, se había decidido -como el resto de sus anónimos adversarios-, a salir en busca del gran río( desde su refugio, a la espera del inminente acople, presentía que el caudal se tornaría pronto gigantesco). Claro que tendría que soportar la agonía de una lenta y desesperante espera. Aplicar su mejor percepción para saber el instante preciso en que debía arrojarse en la corriente, en pos de la gran luz que lo esperaba al final de ese oscuro conducto. Percepción fina, además, para intuir el momento del acople fluido. Entonces sí, al escuchar la Gran Voz de alarma, no dudar en arrojarse al caudal, cuándo millones de voluntades como la suya habrían de sumergirse en el torrente seminal del hombre. _________________________________________________________________

No hay comentarios:

Publicar un comentario